La camisa millonaria Batik

Aún sin ser formalmente miembro del llamado G-20, hay que ser conscientes de que siempre España es convocada para formar parte de sus cumbres. Este año la reunión de esta importante y simbólica cita está teniendo lugar en Indonesia. Concretamente, Bali es la isla dónde han sido recibidos los mandatarios. De hecho, hay todo un reportaje fotográfico de los reyes… Perdón, del Matrimonio Sánchez, ataviados ambos llamativamente como auténticos turistas ricos. Dicen que el ropaje lucido es un obsequio de las autoridades indonesias, de elegidos colores por los propios representativos figurantes. El festivo atuendo, a medida y nada casual, va a dar mucho juego en los magazines de la farándula y el corazón. La atípica revista de tropa indonesia de la pareja contrasta entre la tímida y hasta sorprendida sonrisa de ella y el aire de suficiencia y despreocupación de don Pedro, acostumbrado, a lo que se ve, a mil salones. El presidente con menos escaños de la democracia nunca deja de sorprendernos, ya sea por sus indultos, amnistías y socios inesperados, como -en este caso, por sus visitas de llamativas y costeadas vestiduras.

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Indonesia es un país multiétnico de más de 17.508 islas y 255 millones de habitantes, el cuarto país del mundo más poblado. Con inmensos atractivos y 18 lugares Patrimonio de la Humanidad, el archipiélago indonesio es un destino turístico de los considerados paradisíacos y alto nivel adquisitivo. Bali, por todo ello, es uno de los iconos turísticos exóticos más deseados por los occidentales y de moda hace muchos años. Es muy snob, entre cierta clase de personajes famosos, casarse por el “rito balinés”, así como otras coloridas y algo extravagantes aventuras. Así que aprovechar la ocasión es tan comprensible como esa cierta estupefacción del respetable, pónganse en el lugar que quieran.

De momento, en tanto sigue el G-20, los tiempos para revertir las “incómodas” situaciones que trae la justicia y sus sentencias no dan para tantas exenciones como se quiere por parte del Gobierno. La dirigida y “ad hominem” supresión del delito de sedición ha comenzado su andadura y los flecos, como el posible retoque de la pena que conlleva la malversación de fondos públicos aún no están claros. Hay que tener en cuenta que aún no se ha estudiado suficientemente el alcance de esta inconfesable reforma ni calculado su coste electoral estimado.

Pies de plomo, sin embargo, parte de lo que pudiera ser su objetivo se ve en principio frustrado por la orden de la Audiencia Nacional de entrada en prisión de los condenados por el caso Ere de la Junta de Andalucía. Sea como sea, este nuevo plan de Sánchez, ciegamente asumido por los suyos, es tenido por la oposición como auténtica moneda de cambio para aprobar los presupuestos y afianzar la explosiva mayoría parlamentaria. Aunque el argumentario socialista-gubernamental creado al efecto habla de construir convivencia. Es como el exceso de realismo, adaptarse al empeño de algunos en cometer delitos o subvertir el orden legal y hasta el constitucional, normalizando sus conductas con la despenalización total o parcial.

Imaginen que a Pedro Sánchez le hubiese tocado ser primer ministro en Italia, ¿cómo habría luchado contra la resistente Mafia, la Camorra italiana u otras organizaciones criminales tradicionales de ese querido país? Témanse lo peor, quizá, para crear convivencia, algunas conductas típicas pudieran -de su mano- ser destipificadas. ¡Quién sabe!

Pero lo malo -lo peor-, ante alguien que se disfraza y cambia con tanta facilidad, es lo que aún puede venir. Sus llamativos errores de protocolo en presencia del Rey, algún inexplicable y nada justificado retraso institucional o el incumplimiento de su consabida obligación constitucional de informar a Felipe VI de, por ejemplo, su allanamiento por escrito ante Marruecos, no son señal de estabilidad. Más bien, se trata de gestos omisivos y hasta hostiles para con el orden normativo y la institución monárquica. Por ello, esperarnos más desasosiego y algunos sobresaltos es una medida prudente. Un año mal contado resta para el mandato del actual presidente de Gobierno y a algunos no nos llega la camisa al cuerpo, la camisa corriente, la de cada día.

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La sociedad española, como todas, quiere, busca y necesita estabilidad, seguridad y futuro. Buscar garantías de ello en este gobierno no es sinónimo de consuelo ni de tranquilidad. Aparte de la falta de legitimidad moral -opinable, sin duda- para abordar ciertas acciones, hay una atronadora ausencia de legitimidad objetiva para según qué reformas. Bordear el cumplimiento de la Constitución es una práctica indeseable y muy criticable -vean la renuncia a aplicar la sentencia del 25% de educación en español en Cataluña, por ejemplo-, saltársela es delito. Por el bien de todos, Sánchez debiera dedicarse a contener la inflación y la crisis económica y de empleo en vez de seguir cayendo en tentaciones adanistas de otro tenor. España es un país antiguo y longevo que -no sin dolor- ha podido con todo.

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Joaquín L. Ramírez. Ex Senador y Pte de Canovas Fundación