El nuevo liderazgo andaluz

Hoy está nublado en la costa, una ligera brisa de otoño refresca las primeras luces de la mañana y es más que probable que ligeros chubascos acompañen la jornada. Es uno de tantos días que se repiten en la historia; envueltos en un período de sequía, mirar al cielo con un rictus sugerente parece un acto obligado que muchos hacemos inconscientemente y, aunque las lluvias siempre acaban por llegar, vienen cuando vienen… Estamos en octubre y, sin embargo, la presencia de turistas aún se prodiga, los años de pandemia y sus discutidos cierres han trastocado hábitos, costumbres y reservas. Es una sorpresiva desestacionalización, ésa tan buscada, que se produce por causas ajenas al márketing y la publicidad. En este caso, se trata de 1000 kilómetros de costa de benigna meteorología en cualquier época del año y 88.000 kilómetros de superficie total en una región que ronda los 9.000.000 de habitantes. Al sur del sur de Europa y España, Andalucía se alza como un territorio rico en recursos naturales y de los más pródigos en patrimonio cultural de todo el mundo.

Aunque lleve su nombre, Al Ándalus no es Andalucía -ni nunca lo fue-, pues este nombre, atribuido a las invasiones vándalas, se correspondió con toda la península Ibérica, a excepción de lo que es hoy es Asturias y parte del País Vasco, quizá y en parte también Cantabria. Recordemos que Iberia se llamaba Hispania en tiempos de Roma y la traducción -del latín al español- de esa palabra, Hispania, es España. Así que, tal vez, referirnos como Hispanoamérica a todo el sur y buena parte del norte del continente americano no precisa técnicamente de corrección alguna.

Realmente, ni España, ni en ella Andalucía, necesitan presentación, aunque a veces quepa referirse a muchos capítulos de la historia para desentrañar mejor sus hechos y su significado. En tiempos, la consideración político-geográfica de Andalucía como periferia no vino precisamente a favorecer su desarrollo, sin embargo, la brecha económica e industrial andaluza respecto de otras regiones de España no es tan elevada como quizá los tópicos han venido durante años a señalar. De hecho, puede que la ausencia de la ambición mejor entendida de la clase política precedente haya tenido un indeseable protagonismo que ha favorecido un cierto retraso durante décadas. No hay ninguna razón objetiva para que la región más poblada, la objetivamente más rica en cuanto a sus condiciones naturales, una de las más nombradas por la calidad de sus genios, artistas, escritores y poetas o una de las mayores poseedoras de monumentos y patrimonio cultural, no sea la primera de España también en los órdenes económicos respectivos. Tampoco cabe adjudicar a sus gentes características o actitudes de actividad y laboriosidad insuficientes o pasivas, pues las inmensas tasas de inmigración a lo largo del siglo XX y sus hechos en los lugares de destino dicen lo contrario. Mejor dejamos para otro día profundizar en el lamentablemente famoso manifiesto de Jordi Pujol sobre los andaluces, pecados de juventud, probablemente. Ya saben, “… el andaluz es un hombre destruido, es un hombre poco hecho, anárquico, no es coherente y vive en estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual…” Pero escritos o chascarrillos como éstos no sólo han hecho daño fuera, sino también dentro y lo malo de estas cosas es que la desazón que producen tiene nefastas consecuencias. 

Andalucía es casi tan grande como Portugal, incontenible en su riqueza natural de minerales, fauna, paisajes, sierras, bosques, ríos, costas y patrimonio material. Ello ha sonado y suena tantas veces que repicarlo es hasta tópico, sin embargo, es obligado referirlo cual punto de referencia que resitúa a cualquier interesado en acercarse a su realidad. Más allá de la consabida letanía precedente encabezando las peores clasificaciones de paro, renta per cápita, desindustrialización y más fracasos de los que a nadie apetece contar, todo parece haber cambiado. Cuando trocan las tendencias hay que apretar los dientes y persistir, pues la consolidación del mejor proyecto sólo llega creyendo, laborando y ganando. A riesgo de parecer partidista -o serlo-, la irrupción del actual presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, ha supuesto la llegada de un estilo, una concepción y unas acciones de gobierno radicalmente diferentes a los de los últimos cuarenta años. Producir y exportar es un capítulo que ha experimentado recientemente un cambio y un crecimiento exponenciales. Las estrategias para atraer inversión e industria, así como el innegable yacimiento de las condiciones idóneas para participar de modo protagonista en las nuevas tecnologías, están obteniendo frutos inimaginables. La implementación de un espíritu competitivo y eficaz no le andan a la zaga y las nuevas políticas fiscales hábilmente encauzadas para multiplicar los índices de empleo, producción y creación de riqueza son la causa de amaneceres casi olvidados a primeros del pasado siglo XX. La Sanidad, las infraestructuras y las políticas públicas fiables y encaminadas a lograr la igualdad a lo largo de toda Andalucía ya dieron un gran salto en su día -hay que decirlo-, pero ahora se profundiza en su actualización, perfeccionamiento, mejora y ampliación, con un espíritu casi desconocido. Las llamadas políticas hídricas se están abordando con proyectos de tecnologías realmente revolucionarias diseñados en la Universidad, que constituyen un hito para cerrar en tiempo récord las demandas de agua, más allá de los naturales períodos más o menos secos o lluviosos. El “equipo de refresco” no sólo es el símbolo de la alternancia democrática necesaria, sino una combinación de preparación y virtuosidad que se demandaba a gritos por un mundo vertiginoso al que Andalucía no es ajena.

La estabilidad, la pertenecía a España y Europa, las nuevas condiciones, las comunicaciones y la extendida demanda de nuevas zonas logísticas de gran tamaño, necesarias para una gran población, llenan de oportunidades esta tierra de promisión, hasta aquí líder en materia turística y agrícola. Crece, además, la población, como un nuevo factor que indica a las claras que la mejora de su economía y expectativas trae con ellas nuevas empresas y variadas bolsas de ciudadanos que vienen a establecerse. Crear las mejores condiciones para la generación y asentamiento de ideas y emprendedores no es sino una realidad de una sociedad que aborda el siglo XXI con sabiduría y oportunidad. Liderar nuevas corrientes de productividad y formación es el gran reto para los que quieren atreverse a afrontar el inmediato futuro. Si las administraciones están a la altura, Andalucía hará el resto.