Cataluña surrealista. Preocupante realidad

Creía en mi ingenuidad de la que tantas veces hago gala que el mundo surrealista de los Cocteau, Picasso y Bretón así como sus representantes en España, Dalí , Buñuel y García Lorca entre otros, acabó cuando se desvanecieron sus delirantes figuras en las que cabía cualquier cosa adoptando plásticas grotescas e inverosímil imaginación. Que hayamos llegado al actual grado de podredumbre institucional no solamente jamás ha cabido en el sentido común del que siempre ha alardeado el pueblo catalán, sino que nadie hubiera podido creer que algo así estuviera pasando.

Mucha gente creyó que Jordi Pujol, el Presidente que aparentemente representaba los valores de la salvaguarda emocional catalana, hoy se haya demostrado que no ha sido ni más ni menos que un perverso corrupto, cabeza de un clan delictivo que en la sombra y con nocturnidad y alevosía ha pisoteado la debida lealtad con España, mientras saqueaba las finanzas del fondo de liquidez autonómica en aras al progreso. Ello sin mencionar las mordidas del tres por ciento, que no era más que un mafioso cobro de comisiones en efectivo a todo empresario al que la Generalitat contrataba o encargaba todo tipo de servicios y obra pública, encargándose de su cobro verdaderos recaudadores entre los que se encontraban algunos hijos del propio Pujol.

Otros ejemplos fueron, el criminal expolio del Palau de la Música Catalana y tantos episodios de corrupción y favoritismos que se van descubriendo y que al final acabarán saliendo a la luz. Y todos o ninguno de los gobiernos españoles en tres décadas no supieron, no quisieron, o se vendaron los ojos para no ver ni percibir nada.

Como es obvio, el alevín o delfín de una pérfida persona debe seguir el sucio camino y nadie mejor que el Sr. Artur Más para asumir en el tiempo el relevo para, cabalgando sobre el cetro de la soberbia, conducir a su partido, al país y a la buena gente crédula catalana a la total destrucción, enfrentamiento social y ruina económica. Pero lamentablemente el drama sigue su curso suicida cuando el grupo violento antisistema, con su exigua representación política, le obliga a comerse su soberbia tragando orgullo y ambición para de forma humillante apartarse de la presidencia y con su derrota dar paso a un perfecto desconocido, quizás el más tonto de la clase, al que colocarle los hilos de los que cuelgan las marionetas y así seguir el camino al vacío.

Lógicamente con esos ingredientes hemos asistido al atraco de las Instituciones y al Estado de Derecho, se ha declarado de forma unilateral una república independiente que duró ocho segundos, hemos tenido que ser intervenidos ante el caos y el imperio de la delincuencia, pero sobre todo han provocado una enorme fractura social y familiar entre los ciudadanos de Cataluña.

Esos ocho segundos, mínimo tiempo para desdecirse de un acuerdo ilegal, dejó a los catalanes envenenados con el sueño de la independencia en un cruel despertar de pesadilla. Pero aun así, aprovechando la rabia de esa minoritaria parte de la sociedad catalana, se inventaron un aborto de referéndum ilegal, sin censo electoral y sin control de voto, con el que provocar enfrentamientos con los cuerpos y fuerzas de seguridad, incluidos los de los fieles dependientes del gobierno catalán, obteniendo así imágenes de violencia social para darle al drama un amplificador internacional ante la intolerable torpeza del Gobierno de España en la gestión de los hechos.

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En el ámbito de Estado, un discurso en abierto de Su Majestad el Rey Felipe VI a la nación y la contundente respuesta social con las grandes manifestaciones que Societat Civil Catalana convocó en contra de todo ese circo y en favor de la unidad de España, que llenaron Barcelona con millones de personas, desencadenó, primero la aplicación de la Constitución con la intervención política al gobierno de Cataluña, seguida de la detención y procesamiento de todos los cabecillas del golpe de estado por delitos de sedición y rebelión.

Pero eso no es todo, el episodio más esperpéntico y humillante se produjo cuando el Sr. Puigdemont, a la sazón presidente destituido de la Generalitat de Cataluña, huyó por la frontera escondido en el maletero de un automóvil sin que ninguna de las policías se enterara más que cuando ya había llegado a Bruselas, Bélgica como único país europeo de acogida, para empezar desde allí una campaña internacional autodefiniéndose como exiliado político cuando no era más que un prófugo de la justicia.

A todo esto, en España se juzga primorosamente a los golpistas, aplicándose la Ley de forma edulcorada pero impecable en las formas. De forma altiva desde la cárcel después de la condena, todos ellos se apresuraron a manifestar públicamente que lo volveremos a hacer, acabando por convertir una prisión en un santuario de peregrinación de un conjunto de payasos vestidos al uso que es lo único que queda del triste y dramático sainete.

Y así andamos el pueblo catalán en España como quién se encuentra en un laberinto sin salida en el que tan solo vagamos colisionando con espejos y cristales, nuestras sangrantes narices sin encontrar el secreto de la liberación.

Pero para completar la faena en términos taurinos, un irresponsable presidente del gobierno de España, que se deja mantener en el sillón por comunistas, independentistas y filoterroristas, concede el indulto y la libertad a toda esa banda, siendo más que indignante permitir que posiblemente todo pueda volver a empezar repitiendo así el drama político y social.
Escenarios, formas imposibles, la plástica del absurdo, luces irreales, falsas y deformes realidades, pérdida del control racional, estados obsesivos y finalmente la locura autodestructiva son los elementos constituyentes del surrealismo, y todas esas condiciones existen hoy en Cataluña.

Bienvenida, pues la resurrección de Dalí y su mundo que quizás como él mismo hubiera definido: La surrealista resurrección del genio.