Adultos contra sirenas

Dice la mitología griega que Ulises mandó a sus marineros a taparse los oídos, y el mismo se ató al mástil, para no sucumbir al canto de las sirenas. Pues bien, creo que para devolver la dignidad a la política española tendremos que hacer lo mismo.

Me explico: en momentos de tanta tensión, polarización y en un contexto de crisis institucional, es fácil sucumbir a cantos que prometen bonanza y bienestar, e incluso a soflamas incendiarias contra la imposición ideológica y de género a la que la izquierda populista nos quiere someter.

Algunos recordaréis la transición y los años que siguieron. Fue una época de grandes hombres y mujeres dedicados en cuerpo y alma a servir los intereses de los españoles. Se dice que el político se convierte en estadistas cuando piensa en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones. Ese fue el caso de tantos hombres, muchos dispares e ideológicamente antagónicos, pero en su mayoría políticos de Estado y parlamentarios de altísimo nivel.

Pues bien, poco queda de la política que practicaban aquellos hombres y mujeres. En mi humilde opinión, el último gran hombre de Estado fue Mariano Rajoy que, con sus virtudes y defectos como cualquiera, llevó a cabo una política responsable, alejada de la frivolidad, en definitiva, una política para adultos, como le gusta decir a él. Con esa manera de gobernar y con un gran equipo de gestores, consiguió sacar a España de una de las peores crisis económicas de las últimas décadas. Con el tiempo, se reconocerán mejor sus éxitos y su servicio a España.

Algunos comparan a Alberto Núñez Feijóo con el presidente Rajoy. Yo también veo en el actual presidente del Partido Popular muchas de las cualidades propias de un político responsable y hombre de Estado. Así lo demuestran sus 4 mandatos en Galicia y el apoyo que recibió de los gallegos.

Desgraciadamente, no se puede decir lo mismo de los integrantes del gobierno actual. Falaces, capciosos, parecen no parar de mentir, hacer proclamas populistas mientras se dan golpecitos en el pecho, eso sí, siempre con una sonrisa y un lenguaje estudiado que encandila a muchos.

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Los populismos atraen fácilmente, ya lo hemos visto en la historia del siglo XX en Europa y en las últimas décadas en Latinoamérica. Que nos regalen los oídos y nos digan los guapos y listos que somos gusta, pero las políticas no se deben medir por las buenas intenciones o la publicidad con la que se envuelven, sino por sus resultados y las mejoras concretas en las vidas de los ciudadanos.

Aquí querría introducir un asunto, en mi opinión, fundamental y no tratado habitualmente: los populismos, de uno u otro signo, se necesitan. Ambos se retroalimentan, ambos buscan enemigos artificiales para conseguir adeptos y, al final, como decía uno, “cuando los elefantes luchan, la hierba es la que sufre”. Ambos populismos son dos caras de la misma manera, la moneda de su ego, eso sí, siempre con el dinero de los demás.

Si bien es cierto que los ciudadanos son responsables de los políticos que eligen, pueden estar tranquilos, pues nuestro sistema democrático, tantas veces denostado por esos populistas, nos permite rectificar cada 4 años.

Paseo mucho por mi municipio y debo decir, sin miedo a faltar a la verdad, que al hablar con los vecinos escucho muchas quejas por el engaño al que se sienten sometidos desde 2019. El alcalde de mi ciudad, Terrassa, Jordi Ballart, les prometió mejoras inmediatas. A pesar de haber estado en el cargo durante 5 años, en 2019 se presentó a las elecciones prometiendo a los votantes que, por fin, tendríamos un gobierno “de la gente”.

La realidad ha demostrado ser diametralmente opuesta. El gobierno que iba a ser “de la gente” ha demostrado preocuparse poco por los problemas de la “gente”. La ciudad sigue sucia, con inseguridad y falta de dinamismo y oportunidades laborales para los egarenses. Parece que el Sr. Ballart se ha convertido en el alumno aventajado de la señora Colau, qué tantos estragos está provocando en Barcelona.

Tenemos por delante un período electoral arduo y extenso, empezando por las elecciones municipales del próximo mayo, y acabando en 2023, si no las adelanta Antonio, con unas elecciones nacionales fundamentales para el devenir de nuestra nación.

Durante los próximos meses, las sirenas volverán a cantar. En nuestra mano atarnos al mástil, como hizo Ulises, o saltar al agua en busca de sirenas y acabar ahogados.

Ante las proclamas de los políticos populistas, es nuestra responsabilidad demostrar que queremos una política que nos trate como adultos y hecha por adultos. Es nuestro deber demostrar que es cierto aquella cita que dice que “se puede engañar a todos algún tiempo, a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”.

Huyamos de los que solo prometen pan y circo, y escuchemos a aquellos que quizás no prometen el paraíso, pero que basan sus promesas en el rigor, la responsabilidad y el sentido común. Esos son los que merecen ser dignos de nuestra confianza.

Creo que somos una democracia adulta y madura, votemos como tal. Los experimentos con gaseosa. Ulises y sus marineros sobrevivieron a las sirenas y otras adversidades. Los españoles también podemos hacerlo y estoy convencida de que lo haremos. Apostaremos por las políticas adultas, rigurosas y serias. Que sigan cantando. Nosotros bailaremos al son de la realidad.

marta gimenez

Marta Giménez Arcusa, PTA del PP de Tarrasa y Jurista