Oficialmente mentira, inmoralmente neutral y socialistamente opositor

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Por Rubén Chirino Leañez, Vicepresidente de Meganálisis

Caracas, 9 de noviembre de 2020

Una situación tan nefasta como la que se ha vivido en Venezuela por varios años, solo puede haberse sostenido tanto tiempo, debido a la implementación de variados mecanismos de control de masas, entre los cuales está la implementación de una narrativa y dialéctica nacional, que primordialmente busca mantener desalentada e inmóvil, a las peligrosas (para el poder) mayorías, aplicando la negación o maquillaje de la cruda realidad que estas viven, y el ignorar premeditadamente el pensar, sentir y padecer común de las masas.

Una puesta en escena de esta dimensión y características, requiere de un andamiaje y entramado de actores que se mantengan apegados a sus roles, hablamos de “medios de comunicación, analistas, consultores, periodistas, y opositores, entre otros”, nos referimos a un ‘status quo’ que va más allá del ejercicio del gobierno, que se mantiene aglutinado y eficiente por dos adhesivos; el primero la ideología común (socialismo) entre sus miembros, y el segundo como siempre, es el dinero que mantiene vivo y activo al entramado.

Exponer y aceptar la existencia del entramado, así como entender sus objetivos, su funcionamiento y principalmente reconocer a todos sus actores, lejos de desanimar a las mayorías, es un evento catártico para estas, que precede al ineludible por más que se retrase, despertar de las masas.

Consuetudinariamente se aplica un sistemático maquillaje comunicacional de la vida cotidiana, uno de los colores de ese maquillaje, son las “cifras oficiales”, en donde con la negación de estas, o con sesgos en sus recolecciones y cálculos, se pretender teñir de normalidad la precariedad de la vida en el país.

Uno de los muchos ejemplos, lo tenemos en las cifras del COVID-19, en donde se pretende establecer la falsa matriz de opinión, de que gracias al gobierno, Venezuela es el país con una de las menores tasas relativas de contagiados y fallecidos en el continente, cuando en realidad es de los países en el continente, donde menos pruebas PCR (pruebas confiables) se aplican por cada millón de habitantes.

Venezuela es de los países de América donde más pruebas rápidas (poco confiables) se hacen por millón de habitante, esta confusa contradicción no es casual, ya que por un lado con las poco confiables y no vinculante pruebas rápidas, se inflan el número de pruebas por millón de habitantes, pero por el otro lado con la aplicación de pocas pruebas PCR, garantizan cifras oficiales bajas de contagiados y fallecidos.

Las cifras oficiales del COVID-19 en el mundo, se nutren sólo de los resultados positivos en pruebas PCR. En uno de nuestros recientes estudios en la Encuestadora Meganalisis, sólo el 12.88% de los que respondieron que, en su hogar había o hubo enfermos de COVID-19, dijeron haber sido diagnosticados con pruebas PCR. Es decir, por cada enfermo diagnosticados con PCR, hay otros 6.8 diagnosticados con pruebas rápidas o solo con diagnóstico médico, y que no son oficialmente reseñados.

Tampoco podemos olvidar los hermetismos en relación a cifras como las de la inflación, y así, hay un sin fin de ejemplos.

Toda esta turbia dinámica detrás de las cifras oficiales en general, es parte de la construcción de la narrativa en cuestión, no obstante, los venezolanos ya entienden la naturaleza del manejo de estas cifras, y comprenden que, en su inmensa mayoría son oficialmente mentiras. (En Octubre, el 72.56% de los venezolanos dijeron NO creer en las cifras oficiales del COVID-19 en el país. Fuente: Meganalisis).

Otra porción de la narrativa, gravita en la chocante neutralidad por parte de “teóricos, periodistas, intelectuales, consultores, etcétera”, que a diario y a través de la mayor parte de los medios de comunicación nacionales, quieren imponer a la mayoría que padece y sufre en carne propia, sus sesgadas evaluaciones y análisis supuestamente neutrales de la realidad del país, usando en muchos casos “cifras y fuentes oficiales”, o una visión socialista de la problemática.

Estos actores del reparto y del andamiaje, tratan de “amenizar” a diario la narrativa en noticieros y programas de opinión afines al ‘status quo’, son los menos eficientes en sus objetivos, la baja credibilidad en unos casos, o lo acartonado y disociado de sus elucubraciones en otros, los hace indigeribles por la mayoría, convirtiéndolos en incesante ruido estático de fondo, que repite lo que los creadores e impulsores de la narrativa, desean que repitan.

Por ejemplo, recientemente estos inmoralmente neutrales, se han dedicado a repetir hasta el cansancio y a diario, que la participación de las próximas elecciones del 6 de diciembre, oscilará alrededor del 45%, nada más falso que eso y la mayoría de los venezolanos así lo sabe, pero lo hacen constantemente para tratar de imponer esa matriz de opinión, que sirva a la narrativa.

En un estudio reciente de Meganálisis del mes de octubre 2020, descubrimos que el 78.54% (casi 8 de cada 10) de los venezolanos considera que en el país NO están dadas las condiciones, para que se realicen las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre. Para el mes de septiembre los estudios de Meganálisis no publicados, proyectaban una intención y seguridad de votar consolidada de solo 9.63% (apenas 1 de cada 10 electores).

Un fragmento con mucho mayor peso en la narrativa son los “socialistamente opositores”, estos son desde siempre los que más han nutrido la narrativa durante años, y los más conocidos por los venezolanos, por sus repetidos ciclos y actores, que siempre iniciaron los ciclos generando esperanzas y elevadas expectativas, seguidos de movilizaciones y protestas, y que luego terminaron en rechazados diálogos, que impulsaban salidas electorales que nunca llegaron.

El transitar de los ciclos, siempre fue aderezado de inocuos ultimátums, grandes convocatorias de final frustrante, escándalos de vínculos con el gobierno y negocios multimillonarios para los participantes. Son los “socialistamente opositores” los grandes catalizadores del descubrir y reconocer de la narrativa, por parte de la mayoría. ¿Es esta una de las causas por las cuales, el gobierno de Maduro decidió cambiar de oposición tipo “sparring” el próximo 6D? Re: Si.     

Una alentadora noticia en este sombrío escenario, es que la narrativa ha perdido efectividad en sus fines, y lo reconocemos cuando los grandes protagonistas e invisibilizados, o sea la mayoría de los venezolanos, han avanzado en la comprensión de algunas partes de la narrativa, su naturaleza y sus actores.

Hoy día, aunque algunos pocos lo nieguen, y les sea ideológicamente doloroso, nuestros estudios en Meganálisis nos confirman que un 77.55% (casi 8 de cada 10) de los venezolanos NO quieren que Venezuela sea socialista, el 72.3% de ese 77.55%, prefiere el capitalismo, un 82.5% (poco más de 8 por cada 10) de los venezolanos, considera que la situación actual del país es un caos, donde nada funciona y todo es un desastre, un 79.21% (8 de cada 10) está convencido de que Maduro y el chavismo deben dejar el poder ya, un 61.9% de los opositores a Maduro, afirma que la mayoría de los políticos de oposición están vendidos al gobierno y trabajan para Maduro, y un 87.1% (casi 9 de cada 10) de los venezolanos considera que Juan Guaidó, los políticos que lo acompañan y la asamblea nacional opositora, intencionalmente engañaron a los venezolanos.

Estos y muchos otros indicadores confirman, los estrepitosos fracasos en el marketing de venta del socialismo como panacea, y del maquillaje comunicacional de la vida cotidiana del país. Ambas alteraciones de la verdad, no pudieron con el lapidario peso de la cruda y ruda realidad venezolana, que a diario persigue y atormenta a la mayoría de los ciudadanos.

¿Qué falta?

Hace falta que la mayoría por fin se visualice así misma mediáticamente y en redes, hace falta un logro que eleve la autoestima, falta terminar de estar plenamente inmunes a la narrativa, reconociendo a todos los actores de esta, en especial a aquellos que aún se encubren detrás del falso maniqueísmo “oficialismo-oposición”, o del chantaje de la unidad y el perdón.

Y también hace falte un liderazgo fuerte, que actúe de manera políticamente incorrecta según los cánones preestablecidos por el socialismo, que plantee ejecutar una ruptura completa con el ordenamiento ideológico, social y económico del modelo conocido hasta ahora de país, y que sin tapujos enarbole conceptos y preceptos claros pro capitalistas y contrarios al socialismo en todas sus formas.


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