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Escrito por: Ruth Goñi Senadora Navarra SUMA

La aprobación de la Constitución no calmó las aguas de la política navarra. Una vez cerrado el capítulo constitucional, llegó la hora de negociar el Amejoramiento del Fuero (la versión foral del estatuto de autonomía de Navarra), que tuvo lugar entre 1980 y 1982, año de su aprobación. Eran tiempos muy convulsos en Navarra. La derecha estaba completamente fragmentada.

Tanto que, incluso en la entonces hegemónica UCD se produjo una división y se formó un partido que estaba llamado a comandar el centro derecha navarro, Unión del Pueblo Navarro, que se oponía incluso a la posibilidad de celebrar un referéndum que permitiera la anexión de Navarra en Euskadi.

UPN nació el 3 de enero de 1979, apenas seis días después de entrar en vigor la Constitución Española y con ella, la Transitoria Cuarta, de la mano de un grupo de 8 personas, todos ellos procedentes de la órbita de UCD que no compartían la posibilidad de que la Constitución dejara la puerta abierta a una posible anexión de Navarra al País Vasco, en su opinión, impuesta desde la dirección nacional del partido para contentar al nacionalismo vasco en la negociación constitucional.

UPN se fundó para combatir la Transitoria Cuarta, nació a la contra. Sus fundadores exigían independencia por parte de Navarra para decidir sobre cuestiones de Navarra. Nació un partido regionalista. Como tal, conocedor de su necesidad de contar con un socio nacional para la política nacional.

Tiempo de pactos

Los regionalistas consiguieron aunar bajo sus siglas a toda la derecha navarra repartida en infinidad de pequeños partidos, como también ocurría en la izquierda, pero, al mismo tiempo, se unían a formaciones nacionales para concurrir a los comicios generales.

Los partidos nacionales de centro derecha, también numerosos en esos albores de la Democracia en España, se coaligaron en torno a Alianza Popular en un primer momento, después en Coalición Popular para terminar pactando en torno al Partido Popular.

Los 80 fueron años de pactos, de grandes pactos. También en Navarra, aunque con su idiosincrasia tan particular. Tanto es así que los regionalistas de UPN pactaban con los partidos de derechas para presentarse en las elecciones generales y respaldaban el Gobierno socialista en la Comunidad Foral mediante pactos presupuestarios.

El constitucionalismo caminaba de la mano. En parte, en respuesta a la violencia que ejercía el nacionalismo en Navarra.

Hay que destacar que el PNV apenas obtenía votos entonces. Y los pocos que conseguían, se les fueron con la escisión de Eusko Alkartasuna en el año 1986. La cabeza del nacionalismo era Herri Batasuna que amparaba el terrorismo e, incluso, incluía miembros de ETA en sus listas electorales.

La armonía entre los partidos del centro derecha navarro llegó a su máximo apogeo en 1991 con el acuerdo entre UPN y el Partido Popular por el que los segundos se disolvían en Navarra (única región donde desapareció el PP) y sus miembros se integraron en UPN.

De esta manera se unía en tan solo una formación política todo el centro derecha navarro, lo que le llevó a superar al PSOE y alcanzar el Gobierno de Navarra en las elecciones celebradas aquel mismo año de 1991.

Pero cualquiera diría que a los navarros les incomoda la estabilidad porque fue llegar al Gobierno de Navarra y comenzar las rencillas internas dentro de la formación regionalista. Las discusiones entre el presidente del Gobierno, Juan Cruz Alli, y su vicepresidente, Miguel Sanz, comenzaron pronto debido a poseer dos personalidades muy diferentes y una visión casi opuesta del camino que debía llevar el partido.

En esos primeros años de los 90 se acentuó la diferencia ideológica interna en UPN entre los regionalistas más acérrimos y los que defendían el centrismo y un acercamiento al nacionalismo moderado. Estas diferencias continúan con mayores problemas internos hasta que finalmente Juan Cruz Alli funda Convergencia de Demócratas Navarros en 1995.

Tales fueron las diferencias que los convergentes se integraron en un Gobierno tripartito tras las elecciones de 1995 en la que estaban presentes socialistas con Javier Otano como presidente y los nacionalistas de Eusko Alkartasuna.

Se conformó así el primer Gobierno de coalición en Navarra tras la aprobación del Amejoramiento del Fuero. Una coalición que tan solo duró un año al frente del Ejecutivo foral. A los 12 meses de alcanzar el poder, estalló el Caso Otano, un caso de corrupción protagonizado por el entonces presidente del Gobierno cuando se descubrió una cuenta en Suiza a su nombre y todo volvió a saltar por los aires.

No había forma de que Navarra alcanzase una estabilidad institucional. Hasta tres presidentes del Gobierno tuvo la Comunidad foral en los 15 meses centrales de la década de los 90. Javier Otano entre junio de 1995 y junio de 1996; Juan Cruz Alli durante aquel verano por parte de CDN y en septiembre de 1996, el regionalista Miguel Sanz cogió las riendas del Ejecutivo y las mantendría durante 15 años pero sin hegemonía.

Si por algo se ha caracterizado la política navarra ha sido por la diversidad y abundancia de tendencias políticas. Mientras en la mayor parte del país se hablaba del bipartidismo y se turnaban entre ellos para gobernar, como la norma predominante, la experiencia de Navarra en coaliciones ha sido habitual y extensa.

Entre 1999 y 2003 UPN gobernó con un acuerdo externo con el CDN que salió de sus propias filas. Y entre 2003 y 2009 en coalición con los de Juan Cruz Alli. Hasta que volvieron a discutir. Entre 2011 y 2012, la coalición de los regionalistas fue con los socialistas, aunque apenas duró un año.

El nacionalismo en el poder

El resto de los años entre 1996 y 2015, los regionalistas gobernaron en minoría, lo que siempre resulta más incómodo. De ahí que en 2015 la unión de los nacionalistas moderados surgida en 2004 bajo la denominación de Nafarroa Bai y posteriormente Geroa Bai, consiguió una fuerza como nunca había tenido en toda la democracia, ni tan siquiera en esos primeros momentos en que algunos daban por segura la anexión de Navarra al País Vasco.

No hubo anexión al País Vasco, pero sí que los 9 parlamentarios obtenidos por la formación de Uxue Barkos, junto con los 8 de Bildu, los 7 de la recién aterrizada Podemos y los dos de Izquierda Ezkerra, junto con la abstención socialista, tejieron un “cordón sanitario” contra los constitucionalistas y Navarra tuvo, por primera vez en su historia, un Gobierno nacionalista. “Soy consciente de que soy una presidenta abertzale en una Comunidad que no lo es”, afirmó Uxue Barkos el día de su investidura.

Pese a volver a ganar las elecciones de 2019, UPN, en esa convocatoria unida a Ciudadanos y al Partido Popular, tampoco pudo formar Gobierno. En esta ocasión el “cordón sanitario” se amplió con el voto favorable de los socialistas que ponían a su secretaria general, María Chivite, como la primera presidenta de Navarra socialista en 25 años.

Eso sí, ese mismo 2 de agosto que la socialista tomó posesión de su cargo, la parlamentaria de Bildu, Bakartxo Ruiz, ya se encargó de recordarle que “no olvide que EH Bildu tiene la llave de su Gobierno”.
La foto actual es dramática.

UPN debe recuperar el pulso de su partido y de la política navarra porque la alternativa es tener consejeros de EH Bildu en el próximo Gobierno de Navarra de 2023, algo nada descartable después de haber asistido al cruce de la línea roja por parte del PSN. Bildu ya es un socio aceptable para los socialistas, de hecho el Gobierno de María Chivite depende, exclusivamente, del apoyo de Bildu.

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