La amoralidad, eje de la política de Pedro Sánchez

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por Eugenio Narbaiza desde España

En el ejercicio de la democracia existe un elemento imprescindible a la hora del desarrollo de los hechos que constituyen la política, porque estos hechos conforman el bienestar de la voluntad expresada por parte de los ciudadanos en las urnas.

Este elemento imprescindible, es la moral con que se ejerce el poder para la consecución de ese bienestar, porque la moral política, determina la voluntad y las maneras que tiene un gobierno o un grupo político para administrar desde la libertad toda la fuerza de un estado, como elemento integrador de una sociedad y desarrollo de la misma, a fin de conseguir la prosperidad, dejando de lado los intereses personales o de partido, en pro de los beneficios comunes de la sociedad ,bien sea desde planteamientos de izquierdas o de derechas.

Esa moral política, es la que marca barreras entre el modo del ejercicio de la política que busca el poder por el poder y la existencia de unos preceptos éticos que hacen que todo no valga y que la administración de ese mandado social proveniente de las urnas, no rompa esa ética democrática que supone esos preceptos, que se conviertan en norma, aunque no sea escrita y, por lo tanto, en una ley de convivencia no escrita, pero aplicable y a tener en cuenta como manera de ejercer la política.

Pues bien, desde que ha llegado Pedro Sánchez al poder primero a consecuencia de una moción de censura y posteriormente con una victoria en las urnas, convirtiendo a su partido en la minoría mayoritaria de la democracia española, porque por sí sola, no tiene los apoyos necesarios para gobernar, nos encontramos con que su manera de ejercer el gobierno, rompe con los preceptos éticos y morales que se han establecido en una democracia que tiene 42 años de vida, porque ha buscado socios, que por si mismos, solo buscan romper con preceptos éticos, morales y también democráticos, que nos hemos dado los españoles a lo largo de todo este tiempo, para imponer modos y maneras políticas caducas y trasnochada, que sólo buscan poder y no lo más beneficioso para la sociedad.

Para la consecución de tener  ese poder y mantenerlo, Pedro Sánchez, no ha dudado en romper ese contrato establecido con la sociedad mediante el programa electoral, en donde no explicaba su posterior pacto con partidos independentistas catalanes que habían protagonizado un acto de sedición respecto a la unidad de España, establecida en la Constitución, ni la formación de una coalición de gobierno con un partido de extrema izquierda, comunista y de corte bolivariano, cuyo único objetivo es llegar al poder para destruir los preceptos democráticos y constitucionales que nos dimos los españoles en la Constitución de 1978.

 Tampoco, el actual presidente del gobierno explicó a la sociedad que estaría dispuesto a pactar con el brazo político de una organización terrorista, Bildu, a quien Pablo Iglesias, socio de Sánchez y vicepresidente del gobierno, ha calificado como socio preferente en la gobernabilidad del Estado, al anunciar el brazo político de ETA, su apoyo explícito a los Presupuestos Generales presentados por Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados, para marcar la línea económica de sus años de gobierno, en un momento especialmente delicado para España, como consecuencia de los daños causados por la Pandemia.

Por si esto fuera poco como elemento de amoralidad política, Pedro Sánchez, auspiciado por un Estado de Alarma decretado por razones sanitarias, pretende controlar la libertad de información, creando un “comité de la verdad”, con el que quiere controlar determinadas noticias que pueden publicar los medios de comunicación, bajo la excusa de ser consideradas “fake news”, argumentando que lo que desea es evitar que desde el exterior, se generen noticias, que perjudiquen a España o generen opiniones “que hagan daño a la democracia”, para lo cuál apela a razones de seguridad nacional, en un comité que manejará su jefe de gabinete en el Palacio de la Moncloay el Secretario  de Estado de Comunicación, con unas deliberaciones que se mantendrán en secreto.

 También pretende renovar el CGPJ, máximo órgano del control de la Justicia, de tal manera, que esta podría perder su independencia, tal y como vienen denunciando las asociaciones judiciales, que exigen que en la renovación pendiente de este organismo, sean los jueces los protagonistas en la elección de sus miembros y no se abra la puerta a que el tercer poder del estado, esté supeditado a una representación elegida desde la política, como ha sucedido con la designación de la fiscal General del Estado, cargo que ha recaído en la anterior Ministra de Justicia del gobierno de Pedro Sánchez.

Todos estos hechos, nos inducen a pensar que desde su amoralidad política, el actual presidente del gobierno español, quiere dinamitar los preceptos establecidos en la Constitución del 78 que nos dimos los españoles, mediante una votación democrática, para convertir a España, en un país bananero que desde el “buenismo de la izquierda”, deriva la Nación hacia un modo de gobernar autoritario y posiblemente totalitario, pero sobre todo, no escogido por los ciudadanos en las urnas, para lo que tampoco duda en usar el populismo, tanto en sus medidas como en sus largas intervenciones televisivas que “venden” realidades ficticias como el decir que “había derrotado a la pandemia” cuando los hechos, demostraban lo contrario.

En política, las realidades son los hechos y no las palabras que generalmente, se las lleva el viento o quedan olvidadas en una hemeroteca poco consultada y mal utilizada tanto por los contadores de cosas, que hacen que la sociedad quede adormecida, pero en España, los hechos de Pedro Sánchez demuestran que se ha olvidado de la moral política, tomando decisiones no anunciadas en sus promesas electorales a los españoles, pactando con quienes dijo que nunca pactará, porque hacerlo le quitaría el sueño y lo que es peor, permitiendo que quienes siendo alimañas políticas que han hecho daño a la democracia por ser el brazo político de una organización terrorista cuyos ex miembros, se sientan en los escaños y se convierten  en miembros de la dirección del Estado, sin que esta circunstancia, sea aceptada por los españoles.

No todo vale para mantenerse en el poder, Señor Sánchez.


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