El pasado que pretende ocultar Henry Ramos Allup

Antes de ser un reconocido corrupto de la falsa «oposición», el actual Secretario General de Acción Democrática, Henry Ramos Allup, ya protagonizaba hechos bochornosos. El entonces diputado durante la democracia era la viva representación de la decadencia moral de Venezuela. Tanto su relación con RECADI como sus trifulcas en el Congreso presagiaban un futuro político repleto de denuncias por actividades ilícitas.

Sin embargo, este artículo no tratará sobre su presente, sino del pasado de Henry Ramos Allup. Este lo comprende su cuestionable actuación como político durante el siglo XX, en específico la década de los 80, y sus vínculos con la corrupción de su partido que ahora niega. 

RECADI: ¿Por qué negarlo?

«NO mientan. Nunca fui protector de Blanca Ibáñez ni tuve relación alguna con RECADI», comentó Henry Ramos Allup en una publicación en Instagram de la página de historia Venezuela Inmortal que trataba sobre su vinculación en dichos escándalos. Ambas negaciones causan una sonrisa en cualquier persona mínimamente informada.

En primer lugar, sí tuvo que ver con RECADI. A mediados de abril de 1989, fue designado como miembro de dos subcomisiones de la Comisión Especial del diputado Douglas Dáger (COPEI) para investigar las irregularidades cometidas en contra o desde RECADI: en el Sector Comercial y en el Sector Financiero. En el primer sector debió indagar sobre las importaciones y en el segundo investigar la participación de la banca en el caso.

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De las diez subcomisiones designadas, solo tres funcionaron plenamente, reportaron a la prensa el avance de las investigaciones y denunciaron ante los órganos de justicia. Por supuesto, ninguna de las dos que integró Ramos Allup cumplió.

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Venezuela jamás supo qué hizo, con quién se reunió, a quién interpeló o si produjo algún informe sobre este caso.

El Régimen de Cambios Diferenciales implantado en Venezuela durante las presidencias de Luis Herrera Campins y Jaime Lusinchi fue un instrumento utilizado por funcionarios públicos, empresarios, políticos y particulares para traficar influencias, otorgar y recibir privilegios y ventajas económicas, evadir leyes y lucrarse en grupo e individualmente. Debido a que Acción Democrática cargó la mayor cuota de responsabilidad por estos delitos, se explica la indolencia (o encubrimiento) del entonces diputado ante los escándalos de su partido.

Blanca Ibáñez: la protegida de Henry Ramos Allup

En segundo lugar, sí defendió a Blanca Ibáñez cuando esta se presentó al recinto parlamentario. Como Acción Democrática dejó de protegerla y la sacrificó para que ella cargara con todas las culpas del desfalco, Henry Ramos Allup pretende ocultar la defensa que le brindó como portavoz de su partido en el Congreso. Sin embargo, la evidencia fotográfica lo contradice.

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Imagen recuperada de: Sexo y poder, por Carlos Capriles Ayala

La secretaria privada de Jaime Lusinchi, «cumpliendo instrucciones del ciudadano presidente», envió oficios a la Oficina del Régimen de Cambios Diferenciales para favorecer ciertas instituciones no suficientemente amparadas por la ley, cuyas solicitudes habían sido inicialmente rechazadas por las autoridades. En dos oportunidades intercedió en favor del otorgamiento ilegal de dólares preferenciales para las importaciones de la empresa Industria Nacional de Implementos Agrícolas (Indiaca).

Además, las investigaciones del Congreso señalaron que Jaime Lusinchi benefició a la empresa Constructora Los Andes, cuyos propietarios eran parientes políticos de Blanca Ibáñez, con contratos que sumaban Bs. 316 937 511 para la construcción de varias obras como el edificio sede de la PTJ por un valor de 40 millones de bolívares.

Ese mismo día en que se presentó al Congreso, el 7 de junio de 1989, Henry Ramos Allup no solo la defendió, también le cedió su propia silla a Blanca Ibáñez, quien intentó explicar su conducta como funcionario. Fue en ese momento cuando la secretaria del presidente exclamó la célebre frase: «siempre he cubrido todos mis gastos» (sí, «cubrido»).La secretaria pregonó sentada en la silla del diputado adeco una defensa inocua ante los indicios razonables de corrupción.

«Nunca fui protector de Blanca Ibáñez ni tuve relación alguna con RECADI» es una de las tantas mentiras dichas por Ramos Allup.

Henry Ramos Allup (casi) a los golpes

Antes de que el chavismo propiciara golpizas a los opositores en el poder legislativo, Henry Ramos Allup ya había protagonizado un hecho similar a este.

Nuevamente corrían los años 80, década en que las investigaciones por delitos contra la cosa pública tenían contra la pared a Acción Democrática. El 14 de abril de 1988, los diputados discutían en el Congreso la denuncia de José Vicente Rangel sobre la presunta corrupción en la compra de equipos militares. El Nacional informó que Henry Ramos Allup y el diputado copeyano Alejandro Sánchez Cortés discutieron acaloradamente sobre el tema, llegando a forcejeos que casi terminan en golpes.

El diputado adeco tuvo que ser separado por su adversario copeyano y su partido rompió el quorum, suspendiéndose la sesión sobre una denuncia de las tantas que destruyeron poco a poco la hegemonía política del partido histórico.

La corrupción acabó con la democracia

Cuando observas este periodo, en especial las dos últimas décadas, encuentras a un sistema político corroído por la corrupción. Se explica su existencia y proliferación por el papel de los partidos políticos, los cuales no sancionaban las infracciones detectadas o incurrían ellos mismos en actos delictivos. Los múltiples escándalos pusieron en tela de juicio la credibilidad y legitimidad de la democracia. En consecuencia, los venezolanos buscaron una cura que resultó peor que la enfermedad: el chavismo.

Henry Ramos Allup no solo oculta su pasado como representante de la decadencia moral de Venezuela, también hace creer que es una alternativa a la catástrofe que vivimos hoy. Ningún político que nos trajo al chavismo puede sacarnos de la tiranía, solo cohabitar con ellos. Y ese es su rol en la política venezolana.


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