España entre Sánchez y la pandemia

                                                          

Es una evidencia: nos ha tocado experimentar lo peor de nuestras vidas.

Jóvenes, viejos o mediopensionistas estamos sufriendo los golpes de una pandemia cuya existencia ignorábamos. Y con ella, y ya hace casi un año, hemos perdido las nociones del tiempo y del espacio, sin saber qué hacer y sin tener a dónde ir, sin poder abrazar a familia y amigos, contemplando con angustia lo que a nuestro alrededor sucede, aunque algunos podamos todavia presumir de estar vivos y más o menos íntegros, y sobre todo, sin saber hasta cuando continuará la maldición, qué es lo que quedará de ella y cómo será el mundo que deje detrás.

La incertidumbre nos corroe y con ella el deterioro de nuestras constantes mentales: soportamos cada vez peor al imbécil o al intruso, la cabeza nos da vueltas sobre lo que en el pasado hicimos y lo que en el futuro, si es que todavía lo hay, queda por corregir, afectos y amistades vienen y van como impulsados por vientos huracanados y estamos perpetuamente alertas para saber quién de los nuestros ha  sido contagiado, cuál de los próximos ha dejado ya de estar entre nosotros y ,puestos a contabilizar la macabra matemática, cuantas serán las víctimas que en el mundo la pandemia deje.

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Ya estamos en los dos millones. ¿Llegaremos a los cincuenta o a los cien que, con manifiesta falta de precisión, dicen los historiadores que perecieron hace cien años, cuando se produjo aquello que erróneamente fue adjetivado como la “gripe española”?

Todos caritativamente supusimos que del inesperado cataclismo sufrirían igualmente gobernados y gobernantes, dado el desconocimiento existente sobre el cataclismo y sus consecuencias. E incluso, en una primera fase, allá por los idus de marzo, abril y mayo de 2020, jugamos colectivamente a imaginarnos que, como nos habia enseñado el Dúo Dinámico hace ya varias décadas, seríamos capaces de resistir e incluso de obtener provechosas lecciones para el presente y para el futuro, si es que la misericordia divina nos permitía superar el trance.

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Aún en contra de las más negativas evidencias, quisimos esperar que el gobierno de la nación, bajo la dirección de Sánchez, pudiera estar a la altura de las circunstancias y desarrollar sus mejores y todavia ignotas habilidades para mostrar capacidad gestora, eficacia administrativa, voluntad de encuentro y, sobre todo, disposición caritativa frente a la doliente colectividad.

España entre Sánchez y la pandemia

Pronto pudimos comprobar que de Sánchez, aparte de kilométricas y pomposas comparecencias televisivas, nada podía esperarse y que sus enviados para explicar y hacer frente a la crisis, un ministro de Sanidad de nombre Illa y vocalización imposible de descifrar y un dicen que experto epidemiólogo apellidado Simón que rizó el rizo de embarrarse varias veces en la explicación de una cosa y la contraria, no eran precisamente lo que la ciudadanía necesitaba. Era aquella la primera ola. Estamos en la tercera.

Nos hemos rendido a la evidencia: la pandemia sigue con su recorrido inmisericorde, contagios y fallecimientos vuelven a estar en la cresta de la ola de los primeros tiempos, sabemos ahora menos que antes hasta cuándo perdurará el martirio, las tan esperadas vacunas nos llegan con cuentagotas y en medio de peleas poco edificantes sobre quién pagó cuanto a la farmacéutica de turno para facilitarlas, el patio nacional profundamente dividido a costa de las peleas que las autonomías, cual redivivos reinos de taifas, han decidido emprender sobre sus propias medidas anti pandemia, dada la inhibición que el gobierno de la todavia nación española ha mostrado al respecto, y aunque ya lo sospechábamos desde el primer momento, incluso sin pandemia, España tiene en este momento histórico la terrible pesadumbre de contar con el peor gobierno de la democracia en el momento peor de nuestra reciente historia.

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Illa en pandemia – Factores de Poder

Claro que Illa está en Barcelona encabezando la candidatura del partido socialista local a las elecciones regionales que se celebrarán el próximo 14 de febrero, tarea a lo que parece más importante que la de ocuparse de la posible mejora de la salud de los ciudadanos.

Su antecesor en la direccion partidista catalana, un juguetón y bailarín personaje que responde al nombre de Iceta, ha llegado a Madrid para ocupar la cartera de Administración Territorial mientras que la ministra que tenía ese puesto, una canaria de apellido Darias, ahora lleva el encargo de la sanidad.

Como dirían los chistosos anglosajones, un juego baladí de “musical chairs”. Sobre el que cabe abrir una apuesta: ¿quién lo hará peor? ¿Alguno de ellos, incluyendo al desertor Illa, saben algo de lo que tienen entre manos?

Y mientras tanto el ruedo ibérico alcanza proporciones alarmantes de grave indignidad. No es novedoso recordar que el gobierno de coalición social comunista ha intentado aprovechar al máximo el carácter excepcional de la situación para recortar libertades, limitar el alcance de la vida parlamentaria, recortar la independencia judicial y, en el fondo, desarrollar un sistema de gobernación que poderosamente recuerda a las inspiraciones marxistas leninistas de la Unión Soviética y sus satélites y a las prácticas opresivas de los regímenes chavisto bolivarianos, de los cuales tantas y buenas mercedes reciben. Sobre el trasfondo permanente de la deslealtad institucional que el mismo gobierno practica -y de la que es muestra sangrante el continuado acoso a la Monarquía parlamentaria que la Constitución de 1978 establece como clave de bóveda institucional para todo el sistema- todos los dias tienen su muestra y su afán.

En estos últimos, el PSOE y el partido Podemos, coaligados gubernamentales, han aprobado en el Congreso de los Diputados una proposición de los separatistas catalanes para abrir una mesa de diálogo que incluye, entre otros temas, el de la “amnistía” -naturalmente pensada para los golpistas del separatismo catalán que declararon ilegalmente la independencia en 2017- y la “autodeterminación” -la reclamación de los mismos separatistas para que se reconozca ese supuesto derecho a los catalanes.

También hace pocos días el Centro de Investigaciones Sociológicas, otrora respetado organismo público dedicado a la investigación social, dió a la luz inesperadamente, y ya en medio de la campaña electoral para las elecciones catalanas, una encuesta que consagra al huido Illa como ganador de las elecciones mientras concede la supremacía en la derecha a VOX y a Ciudadanos, por delante del hasta ahora primer partido de la oposición, el PP. El CIS está ahora dirigido, y claramente a las órdenes del gobierno, por un ardiente socialista que responde al nombre de Tezanos.

Recientemente VOX, con su abstención, permitió que Sánchez sacara adelante en el Congreso la disposición que regula la distribución de los fondos europeos que España percibirá para paliar los efectos de la pandemia. Cabe preguntarse si la encuesta de Tezanos ha sido el regalo que Sánchez guardaba para la ayuda que VOX le prestara, además de adquirir el título de “partido patriótico” en vez del habitual que lo situaba, siempre según Sanchez, en la “extrema derecha fascista”.

Y por si fuera poca diversión, Montero, la ministra consorte del vicepresidente Iglesias, nos anuncia una ley que permitiría cambiar de sexo sin constataciones fisiológicas previas a partir de las 12 años, ya que el sexo no es una realidad biológica sino un constructo mental.

En la clasificación que anualmente publica la revista británica “The Economist” sobre la calidad de la democracia en el mundo, España, en 2019, aparecía en el puesto 16. En la correspondiente a 2020 aparece en el 22. Son 167 los paises analizados y de ellos 23 los considerados como “democracias plenas”. ¿Dónde nos colocará Sánchez cuando se evalúe la historia de este año? Se admiten apuestas.

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Javier Rupérez

Embajador de españa

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