Editorial: El perezjimenismo no existe

La reciente fecha del 23 de enero despertó la indignación y rechazo entre la intelectualidad venezolana y las nuevas generaciones por el perezjimenismo. Grandes autores, intelectuales, personajes que vivieron la época, la propaganda oficial de VTV, de los partidos y su dirigencia enfilaron dardos hacia una idea demodé que sólo busca hacer ruido en redes sociales.

El movimiento de exaltación a la obra de gobierno de Marcos Pérez Jiménez se quiere equiparar con los movimientos neonazis de una Europa de la postguerra obligada a reducir las expresiones de nacionalismo a eventos deportivos.

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General Marcos Pérez Jiménez

La mayoría de los que se definen como Perezjimenistas —lejos de exaltar el culto de la personalidad de un hombre repleto de defectos como Marcos Pérez Jiménez— se enfocan en un movimiento de nostalgia contracultural cincuentoso profundamente antiliberal, anticomunista y patriotero.

En momentos donde las democracias mundiales están frágiles por sus propios defectos que son tan antiguos y tan vigentes —porque los clásicos griegos nos advirtieron de los peligros de la democracia y los romanos también— vale la pena preguntarse por el rol de las democracias occidentales que han permitido la emergencia de poderes fácticos en la figura de corporaciones privadas con capacidades que rivalizan a las de los estados modernos.

El grueso de los jóvenes no vivieron esa época —que algunos llaman oprobiosa y otros de grandeza— y lo que tienen son testimonios escritos en libros mohosos, imágenes audiovisuales en blanco y negro y algún tipo de referencia a lo que consideran “mejores tiempos”, retazos de propagandas y narrativas oficiales de lado y lado que con el tiempo, y la obra de historiadores que opinan más de lo que narran terminan con estas falsas controversias.

Es cierto que el gobierno de Pérez Jiménez fue una dictadura, que sus colaboradores usaron los aparatos del estado para perseguir, torturar, desaparecer subversivos, ladrones y secuestradores.

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En la opinión del primer jefe de la Seguridad Naciona, Jorge Maldonado Parilli se desarrolla el carácter policial, de prevención del delito, de investigación criminal, necesario para cualquier Estado; como todo organismo contrainteligencia, con frecuencia se ve en la necesidad de investigar a personas expuestas políticamente.

El segundo jefe de la Seguridad Nacional, Pedro Estrada —formado por Allan Foster Dulles de la CIA y J. Edgar Hoover del FBI cuando esos organismos orquestaban operaciones moralmente cuestionables— es a quien se le achacan los excesos y delitos de esa desaparecida institución.

Recordemos que para la época, la política exterior venezolana era tutelada por EE.UU., quienes veían a los comunistas —no así a los adecos desorganizados— como la real amenaza. También es pertinente recordar la profunda retórica antiamericana que todos los partidos políticos latinoamericanos de la época desarollaron tras inspirarse en el APRA peruano.

De las actuaciones de la Seguridad Nacional y sus excesos, no se pueden negar ese tipo de cuestiones.
Y decir que “el otro bando hizo cosas peores” es otro debate, porque la Digepol y la Disip tampoco eran santos.

Los aparatos de seguridad de la época deban una sensación de seguridad personal que es lo que los perezjimenistas modernos añoran: El no tener que vivir encerrado tras rejas, el poder salir de noche sin miedo a un atraco o secuestro.

El chavismo y el perezjimenismo

El chavismo civil— formado por lo peor de AD, lo mejor de COPEI—y unos militares que exaltaban a Pérez Jiménez el aspecto autoritario patriotero de barracas, crearon en torno a Chávez una especie de doctrina führerprinzip arengada por los primeros asesores teóricos de la revolución: Parias que se pusieron a jugar con el fascismo de izquierdas como Norberto Ceresole, pero la cosa no termina ahí porque ese Frankenstein político también desde su oposición se inspira de intelectuales civiles como Luis Castro Leiva, aunque a muchos civilistas les duela admitirlo.

Hoy en día el perezjimenismo no existe, no hay partidos políticos perezjimenistas, ni su reencarnación transita la tierra.

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En lugar de ello hay un montón de jóvenes —y viejos— que no creen ni en el chavismo ni en la oposición, que lejos de buscar ejemplos extranjeros verdaderamente fascistas y autoritarios como Mussolini, Hitler o Franco, buscan en la historia venezolana a figuras de la historia distintas a las que la propaganda y narrativa oficial adeco-copeyana-chavista muestran.

Del período perezjimenista recomendamos la lectura de un brillante artículo redactado por Alejandro Andrade Yépez, que nos ilustra un poco sobre ese otro 23 de enero que la narrativa oficial oculta de forma conveniente.

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