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Investigación y especiales

Castle Bravo: el ensayo nuclear de 1954 que le salió mal a Estados Unidos

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castle bravo 1 de marzo de 1954- factores de poder

La operación Castle fue el nombre clave de una serie de ensayos militares nucleares llevados a cabo en el Océano Pacífico por los Estados Unidos, uno de esos ensayos, Castle Bravo fue la explosión hecha por el hombre más grande de su momento, pero no debió serlo.

La prueba nuclear se salió de control, teniendo costosas repercusiones para los Estados Unidos y desató buena parte del movimiento cívico en contra de las pruebas nucleares y el tratado de prohibición parcial de 1963.

El 1 de marzo de 1954, la Comisión de Energía Atómica y el Departamento de Defensa de Estados Unidos detonaron la primera bomba termonuclear de su historia en el Atolón de Bikini, en las Islas Marshall, un diminuto archipiélago de 23 islas coralinas equidistantes de Australia, Japón y Hawaii.

La detonación Castle Bravo

La mañana del primero de marzo de 1954 en el Atolón de Bikini fue descrita por los hombres que allí estuvieron como una muy tranquila. Ese día, el aparato fabricado por el Departamento de Defensa y la Comisión de Energía Atómica debía probar la viabilidad de un dispositivo termonuclear.

Las bombas termonucleares hacen uso de una explosión incial —como la de Hiroshima— para crear una segunda reacción sobre material nuclear, resultando en una reacción notoriamente más potente.

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El artefacto Castle Bravo – Factores de Poder

La bomba nuclear de diez toneladas había sido colocada en un búnker de concreto construído sobre una isla artificial adyacente a un arrecife coralino a una isla del Atolón de Bikini.

Una serie de cables y tubos tenían un trayecto de casi dos kilómetros hacia una serie de espejos que apuntaban hacia el artefacto para permitir la medición de ciertas variables y poder captar los primeros milisegundos del colosal estallido que vaporizaría parte del arrecife.

Los preparativos para la instalación del artefacto Bravo fueron rutinarios, lo que era novedoso era el material radioactivo con el que se daría inicio a la reacción en cadena que desataría la explosión.

A casi un segundo de su estallido, Castle Bravo emitió una bola de fuego de casi 8 kilómetros de diámetro y más caliente que la superficie del sol. Y casi al mismo tiempo, los científicos, ingenieros y militres apostados en ese diminuto atolón supieron que algo malo había ocurrido.

La bomba detonada el 1 de marzo de 1954 tenía la misma sumatoria de energía que todas las bombas soltadas por los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial.

Al cabo de un minto, la nube en forma de hongo tenía una altura superior a la que la mayoría de los aviones comerciales volaban, y al cabo de diez minutos de iniciada la explosión, los científicos estaban rogándole a Dios que su creación no consumiera todo el oxígeno de la Tierra mientras la bola de fuego ardía con la intensidad de mil soles porque los efectos del estallido se sentían a 100 kilómetros de distancia.

A los dos minutos de haber estallado, la bola de fuego Castle Bravo se podía observar a casi 400 kilómetros de distancia y sus efectos también, la ola expansiva vaporizó el suelo coralino del Pacífico enviando toneladas de partículas radioactivas al aire.

Los marineros sintieron que algo indescriptiblemente malo estaba ocurriendo. Hombres curtidos por las batallas de la Segunda Guerra Mundial estaban de rodillas rezando.

L. DOuglas Keeney en “15 Minutos: El General Curtis LeMay y la cuenta regresiva para la aniquilación Nuclear”, libro consultado para este trabajo.

Los hombres que estaban en el Atolón de Bikini aquel 1 de marzo de 1954 recuerdan cómo sentían el calor de la explosión en sus cuerpos; algunos de los presentes contaron en entrevistas que durante los minutos siguientes al estallido, el que cubría la cara con sus manos podía ver sus huesos porque el destello de la luz era tan intenso que hacía lucir todo como una imagen en rayos x.

Las consecuencias de Castle Bravo

La mañana antes de que las islas del Atolón de Bikini se convirtieran un cráter radioactivo, el viento soplaba hacia el norte, tal y como los estudios meteorológicos lo esperaban. En horas de la mañana del primero de marzo de 1954, el viento soplaba hacia el este, justo hacia donde residían poblaciones nativas de las islas del Pacífico.

Diagrama de la descarga de castle bravo - factores de poder
Diagrama de la descarga esperada por los Americanos durante la operación Castle – Factores de Poder

El cráter creado por la explosión de Castle Bravo era de 2.000 de diámetro y 75 metros de profundidad.

Todo el coral se pulverizó en una nube letal que roció las islas vecinas, los niños jugaban con la arena que caía del cielo cual nieva y hasta se la comían, los adultos no sabían que ocurría, y más adelante veremos cómo un barco pesquero de Japón sufrió los efectos devastadores de la nube radioactiva.

Cuando los documentos sobre la operación se hicieron públicos, se reveló que las autoridades militares de la época sabían que el viento podría cambiar, afectando a los que vivían en los alrededores y lo consideraron “aceptable”.

Al poco tiempo de finalizado el ensayo, mientras todavía se asentaban las cenizas coralinas radiactivas, el Departamento de Defensa de Estados Unidos procedió a la evacuación de forzada de los isleños en los archipiélagos circundantes al Atolón de Bikini. Pasarían al menos tres años antes de que algún nativo de los atolones de Rongerik y Rongelap pudieran volver a pisar su tierra.

En 1957, la Comisión de Energía Atómica de Estados Unidos consideró seguro el retorno al Atolón y mandó a 87 habitantes de vuelta; a su llegada descubrieron con ayuda de los científicos que los peces y hasta el agua de coco estaban contaminados con isótopos radioactivos, haciendo del lugar inhabitable y tuverion que vovler a retirarse.

Para 1963, los nativos de las Islas Marshall estaban desarrollando tumores de la glándula tiroides.

La tasa de mortalidad por cáncer cervical de las mujeres nativas de las Islas Marshall se disparó sesenta veces en comparación con las mujeres estadounidenses.

El cáncer de mama y colon aumentaron multiplicaron su incidencia por cinco, el cáncer de pulmón se triplicó y las anomalías congénitas se dispararon.

Cuando Bravo estalló, de 28 niños que estuvieron expuestos a la arena coralina radioactiva; 20 de ellos desarrollaron tumores.

El desastre ecológico generado por Castle Bravo contaminó más de 19.425 km² del océano Pacífico, 15 islas y atolones y 253 residentes.

La historia del Lucky Dragon No. 5

El Lucky Dragon No. 5 era una embarcación pesquera japonesa que llevaba adelante operaciones atuneras en el Atolón de Midway, luego de perder sus redes se embarcaron hacia el este de las Islas Marshall.
La diminuta embarcación no fue detectada por las patrullas, ni por aviones, ni por el radar. y por ello no se les advirtió de que navegaban en aguas peligrosas.

Pese a que los pescadores del Lucky Dragon No. 5 estaban fuera del área proyectada por los americanos como peligrosa y su nave no sufrió daños, los tripulantes fueron rociados por la ceniza coralina que tuvieron que recoger y limpiar de la cubierta del barco.

Cuando los tripulantes del Lucky Dragon No. 5 experimentaron el oleaje, espantados marcaron rumbo hacia Japón, y al cabo de horas desarrollaron síntomas de exposición a isótopos radioactivos.

Los hombres llegaron a Japón muy enfermos y fueron atendidos por médicos en Tokio durante meses.

Las noticias de que los pescadores habían sobrevivido a una prueba termonuclear se hizo pública, y la sociedad japonesa condenó los ensayos nucleares de Estados Unidos, tildándolos de un “segundo Hiroshima”.

Castle Bravo acarreó fuertes presiones diplomáticas para Washington DC, que tuvo que pagar $15.3 millones a Japón, así como $53.000 a cada uno de los pescadores del Lucky Dragon No. 5.

A raíz del rechazo internacional, en 1963 se firma el tratado de prohibición parcial que pondría fin a las pruebas nucleares atmosféricas. Castle Bravo sigue siendo el peor accidente de la historia nuclear de Estados Unidos —pese a que sus militares le consideran un éxito.

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