Alberto y Ascen en nuestra memoria

Artículo escrito por Teresa Jiménez Becerril, desde España.

Son muchos los españoles que recuerdan donde estaban esa trágica noche del 30 de Enero de 1998, cuando se enteraron de que la ETA había asesinado en Sevilla a un joven matrimonio, que volvía a su casa, donde dormían tres niños que no abrazarían nunca más a sus padres.

Tres terroristas del comando Andalucía, atarantaron contra Alberto Jiménez-Becerril, Teniente Alcalde del Ayuntamiento de Sevilla y contra su mujer Ascención García, dejando un reguero de sangre y tres claveles en el suelo. Esas flores tenían que llevarlas sus hijos al colegio al día siguiente para celebrar el “Día de la paz”. Esa paz que nunca celebraron, porque esa madrugada, tres terroristas de la misma organización que el mal llamado “Hombre de paz” Arnaldo Otegui, habían tiroteado a su padre y sin la menor piedad, también a su madre, para asegurarse el mayor daño posible.

Eso es ETA, crueldad en estado puro. Por ello cuando leo las declaraciones de algunos personajes, como la portavoz de Bildu en el Parlamento Vasco, quien dijo: «El daño causado por ETA está reconocido; que fuese o no injusto depende de cada relato» me gustaría tenerla delante para poder decirle: «Pregúntele usted Sra. Iriarte a mis sobrinos si fue justo, que tres asesinos decidieran dejarlos sin padres con cuatro, siete y ocho años». A veces la justicia es cosa de niños y la miserable reflexión de esta señora, se derrumbaría frente a la respuesta de cualquier víctima del terrorismo o la de cualquier español con la decencia que ella no tiene.

ETA
ETA fue una organización terrorista vasca

Recuerdo que cuando secuestraron y mataron a Miguel Ángel Blanco, mi hermano Alberto organizó la manifestación de repulsa por el atentado en Sevilla. No sabía Alberto, que seis meses después, esas manos blancas se alzarían por él y su mujer. Tampoco sabía Tomás Caballero, quien en plena madrugada, cogió su coche desde Pamplona y se atravesó España para venir a Sevilla, a velar a la joven pareja asesinada por ETA , que cuatro meses más tarde el etarra Patxi Ruiz acabaría con su vida. Una cadena de muertes de inocentes que desconocían su trágico destino.

A Alberto le deparaba una gran vida

Alberto y Ascen tenían por delante toda una vida para amarse y amar a sus hijos, para trabajar por España y para alcanzar sus sueños. «¿Tú quieres ser Ministro?», le preguntaban al muchacho del Partido Popular cuando daba sus primeros pasos políticos, en esa UCD, tan duramente castigada por el terrorismo, y el respondía con su aplomo de siempre: «!Qué va! Yo quiero ser Presidente». Y quién sabe, quizás lo hubiera sido, o Alcalde de Sevilla, o diputado del Congreso. En cambio, no fue nada de eso, porque con treinta siete años, ETA acabó con sus ilusiones. Y no acabaría siendo mi hermano el que se sentase en el Congreso, sino aquellos que no condenan su asesinato, ni el de su mujer, ni el cientos de víctimas del terrorismo.

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¿Hubiéramos nunca imaginado que Bildu llegaría a ser un respetable socio del Gobierno de España? ¿O que un presidente del Gobierno agradecería en el hemiciclo a una diputada que fue condenada por apología del terrorismo? Nos hubiera parecido fantasia que un vicepresidente dijese que un terrorista como Otegui debería estar en la dirección del Estado. Y hubiera sido intolerable que un Ministro considerase que Bildu o cualquier partido filoetarra, era un triunfo de la democracia. Pues todo es cierto y lo he comprobado yo, desde mi escaño.

A veces creo que es un mal sueño del que pronto despertaremos los españoles, pero tristemente cada vez son más los episodios que me devuelven a la realidad. Cuantas veces tengo que releer noticias creyendo que son falsas. Como la de aquella joven de Esquerra Republicana que publicó un tweet diciendo que quería que volviera ETA, porque habían hecho muy buen trabajo. Si, han leído ustedes bien. Yo tampoco me lo creía, pero respecto al terrorismo de ETA la indignidad no tiene límite. Por ello es tan complicado pasar página como quieren muchos desde su despreciable conveniencia, porque no podemos callar ante tanta injusticia, inmoralidad y equidistancia.

Quiero recordar ahora que acaba de celebrarse el «Día Internacional de las víctimas del Holocausto» las palabras de un superviviente de los campos de concentración nazis, Elie Weisel, quien escribió: «Lo que mas le duele a las víctimas no es la crueldad del opresor sino el silencio del espectador». !Y qué palabras tan verdaderas! Ese silencio cómplice que existió en parte de la sociedad del País Vasco Y Navarra cuando ETA mataba y que sigue existiendo cuando ETA no mata, pero sigue viva. Esa complicidad con el mundo etarra , se ha extendido como una mancha de aceite hasta llegar a un Gobierno que parece no tener claro que a ETA los españoles no les debemos nada y que si son ellos los que le deben algo, que nos lo expliquen. Aunque la mayoría ya lo sabemos; les deben el apoyo a la investidura de Sanchez y su permanencia en el poder.

El precio a pagar es incalculable, como incalculable es el dolor de las víctimas de ETA y de los españoles que siempre han estado y estarán a nuestro lado y que han sufrido la violencia del terrorismo durante décadas.

Cuando compruebo que el Ministro Marlaska, despojándose de su armadura de dignidad con la que se enfrentó a ETA en tiempos duros, se ha quedado desnudo delante de millones de españoles. Ciudadanos que no entendemos el por qué en el poco tiempo que este Gobierno lleva en el poder, se han acercado, excarcelado o progresado de grado a más de 150 terroristas de ETA, muchos de ellos con delitos de sangre, como los que mataron a Alberto y Ascen, que ya no están dispersos, sino juntos y cerca de sus lugares de origen, para que sus familiares los tengan cerca y también de paso para que Bildu siga apoyando a este Gobierno que indigna hasta a los suyos.

Y nos dice el Sr. Marlaska que han firmado un papelito donde reconocen el dolor causado. ¡Qué burla para sus víctimas! Si de verdad se arrepintiesen estos asesinos, ayudarían a esclarecer los más de 370 crímenes de ETA que siguen sin ser resueltos. Pero no, estos luchadores de la muerte están orgullosos de sus asesinatos, secuestros y de todo el dolor causado. Ya lo dijo uno de ellos, el terrorista De Juana Chaos, cuando veía llorar a mi familia tras el doble asesinato de Alberto y Ascen: «Sus llantos son nuestra sonrisa y acabaremos a carcajada limpia».

Por Alberto, por Ascen no podemos permitir que así sea.

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Este artículo fue escrito por Teresa Jiménez Becerril, desde España, para Factores de Poder Web

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